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16 de agosto de 2012

Himno a Taboexa


En breve, el Centro de Interpretación do Patrimonio e Local Socio-cultural de Taboexa celebrará su 6º Aniversario y desde este rinconcito no puedo por menos que felicitarle. ¡Enhorabuena por tantos años de difusión de los bienes socio-culturales de Taboexa!

Por cierto, me cuenta mi madre que hace años también se difundía la belleza de la aldea entre los vecinos. Se hacía mediante una copla que cantaban los niños en la escuela y que la juventud tarareaba cuando salían de excursión o hacia alguna festa en el “autocar de Raúl”…Os la reproduzco según me la canta…


Con el sombrero en la mano
como personas aristocráticas
saludamos a Taboeja
tierra de amor y de gracia.

Taboeja del alma mía
de rodillas yo te juro
que si tuviera dinero
en el Regueiro dos Píos
pondría un letrero

Diciendo…¡Tú eres Taboeja
la más bonita
del mundo entero! (bis)

Lástima que no pueda ofreceros la música. Es muy pegadiza y mi pequeñaja anda estos días tarareándola por la aldea. 

En fin, vuelvo al principio. Como os comentaba, el C.I.P.C.-Taboexa celebra sus seis años de funcionamiento y lo hace al más puro estilo gallego: ricas viandas, música y buena gente alrededor de la mesa. Seguro que mi familia y yo lo pasaremos genial. Ya os contaré…

1 de febrero de 2012

Mientras baila, mi pequeña se hace grande

La miro a escondidas. Me asomo despacito desde el borde de la puerta entornada para observar sus movimientos acompasados y serenos al ritmo de la música sefardí que estos días escuchamos en casa. Gira y alarga sus manos con gracia, el gesto sentido y las piernas firmes, mientras se deja llevar por la melodía del medievo. Me ve y sonríe.
- Mamá, vamos a bailar. –Le devuelvo la sonrisa con un guiño.
- Ahora no, cariño. Lo haces muy bien solita. ¿Puedo aprender de ti? ¿Me enseñas?
- Vale, mamá. Apunta mi gesto – y retoma con armonía sus últimos pasos-. 

Asiento emocionada. Y apunto su gesto. Me guardo su carita infantil que, últimamente, se transforma en la de una señorita. Anoto cada movimiento para archivar su mirada ingenua y sus mofletes sonrosados…

Mi pequeña se hace grande, mientras baila. Inventa su danza con armonía y juega con el compás para defenderse en la sonata… Y pienso en que así será cuando emprenda el otro baile, el que le imponga la vida cuando salga ahí fuera, lejos de papá y mamá.

Suenan las últimas notas de la canción.

- ¿Bailamos juntas, mamá? ¿Repites mis gestos?

Compruebo que mis anotaciones han quedado a buen recaudo y le tomo la mano. La melodía vuelve a sonar... y giramos y reímos por las poses que inventamos al son de la música.



Mi pequeña y yo bailábamos con este tema anónimo judeo-cristiano, "El rey de Francia". Espero que os guste.

25 de mayo de 2011

El limoeiro sigue creciendo, abuelo

Es curioso como el olor consigue despertar imágenes aletargadas en la memoria  provocando una mezcla homogénea de emoción y melancolía por el tiempo pasado. Recuerdos que se evocan con intensidad consiguiendo reproducir sensaciones vívidas y, casi siempre, emotivas.

Ningún sentido reproduce de forma tan espontánea emociones tan poderosas. Pensamientos que pueden llegar a doler cuando la ausencia es irremediable. Y hoy que mi casa huele a limón me resulta inevitable recordarte, abuelo.

Cuando me llega el aroma a este cítrico te imagino de golpe, casi sin querer. Es algo inmediato que me muestra una sucesión de episodios distintos de mi vida a tu lado. 

Mi abuelo Horacio
Esa mezcla fresca y ácida me arrastra hasta los 9 años recién cumplidos. Íbamos camino de Coruña en autocar. Viajabas a mi lado y para evitar que me marease me ofreciste medio limón. “Toma,  Susaniña, xa verás como pasa”…Y pasó.

Este aroma que anima el espíritu me evoca la frescura de las limonadas que tomábamos en verano, en los días que apretaba el sol, o me devuelve el alivio que sentía cuando ponías media rodaja en alguno de mis habituales moratones de niña. (Algo que sigo haciendo ya adulta, porque el equilibrio no va mucho conmigo y casi siempre ando tropezando con el consecuente golpe).

El limón, siempre presente si andabas cerca, abuelo. 

Estos días te anhelo mucho. Y no es sólo por el olor de este cítrico habitual en mi cocina, sino porque ya comienza a dar los primeros frutos de este año el limoeiro que plantaste en O Barreiro. 

Parece que aún escucho lo que nos dijiste cuando lo preparaste e injertaste, recién arreglada la casa. “Ahí, tendes, filliñas. Cando vexades o limoeiro lembrarvos do abuelo”. Y es verdad, abuelo, siempre que vamos a Taboexa, Noelia y yo nos acercamos a estar un ratito junto al limoeiro, como si ese árbol conservase algo de tu sabiduría.

Quizá son ilusiones nuestras, bueno, en este caso mías. Pero me resulta imposible desvincular el aroma a limón de ti y de nuestras largas conversaciones plagadas de dichos y refranes, de tus historias de lucha repletas de pinceladas de conocimiento, propio de quien lo ha vivido casi todo. Y casi puedo volver a sentir el tacto de tus manos rudas y asperas de hombre de campo y tu sonrisa franca enmarcada por el halo marino de tu mirada, cuando percibo este aroma...

Por eso, abuelo, ahora que el sol comienza a alimentar los primeros frutos del árbol que nos plantaste, te recuerdo especialmente. Porque sé que tú así lo quisiste y nos lo pediste antes de irte. Y estoy segura de que el limoeiro se yergue orgulloso por saberse protagonista de esta relación mágica que aún mantenemos contigo a través de su existencia. 

Tu mirada azul, tu gesto dulce, la cadencia de tu voz dándome consejos o relatando las historietas que me ensimismaban desde pequeña...el olor a limón. Te echo de menos abuelo y te recuerdo siempre, cada día.

23 de febrero de 2011

Mi abuela Xusta, cantigas en el recuerdo

Me cuenta mi madre que a la abuela Xusta le encantaba iniciar cantigas cuando se sachaba o arrendaba el millo. Y que el ambiente, muchas veces, tenía un aire de fiesta porque algún vecino se picaba y comenzaba una “pelea” de coplas entre finca y finca.

Mi abuela Xusta. ¡Qué gran mujer! Siempre junto al abuelo. En el campo y en casa. Atendiendo las tareas agrícolas y ganaderas sin dejar de lado los quehaceres del hogar. Un claro ejemplo de campesina gallega. Al pie del cañón, atendiendo a la familia, tejiendo su ropa y acompañando al esposo no agro, los niños bajo las parras o, si eran mayorcitos, ayudando en el cuidado de los animales.

Una carga descomunal que en el caso de mi abuela Xusta (y seguro que en el de muchas bravas mujeres) sólo ha pasado factura en los últimos años. Aún no hace mucho, se encargaba da horta o de acudir a soltar el agua de la poza para O Piñeiro, Xeljouro o Baliños, cuando a partir del 24 de junio comenzaban los cupos de riego en Taboexa. 

Lamentablemente aquello pasó y ahora sólo sonríe cuando charlamos un ratito con ella u observando a su bisnieta Sara, que ha sido el punto de inflexión que la ha vuelto a sujetar a la vida.

Abuela, ¡me cuesta tanto ver como te vas apagando lentamente!

Mi hermana y yo junto a la abuela Xusta
Por eso prefiero quedarme con las vivencias que hemos disfrutado juntas. Y te recuerdo declamando aquellos versos y cantigas de los que habla mamá. Por suerte, tu memoria portentosa nos permitió disfrutar de estos poemas, canciones y chanzas cuando atardecía en casa durante el verano. Y me aferro a tus muestras de cariño, a tu mano prendida a la mía cuando íbamos al mercado, mientras tratabas de aprovechar el poco tiempo que pasábamos contigo mi hermana y yo. Y sonrío rememorando las riñas que teníamos mientras escondías algún billete en mi bolsillo, antes de que regresásemos a Madrid. “Para que te compres algo que te recuerde a la abuela”, decías.

Y mi hermana y yo te hacíamos caso. Aún conservo medallitas y amuletos que me han acompañado a todos los exámenes que he hecho en mi vida. Un par de brujitas, de esas que coleccionaba cuando era una adolescente. Y una chaqueta que me encanta, aunque pasó de moda hace años…

Pese a que la ingrata y cruel enfermedad está cebándose con tu vitalidad, tu nervio y tu sonrisa, en mi mente sigo escuchando tus viejos romances, abuela, y siempre que oigo cantigas antiguas regreso a mi infancia para  tomarte la mano y dejarme mecer por tu voz. 

Te quiero, abuela.  

9 de febrero de 2011

Narcisa, bordando amor durante años

Acaba de cumplir 90 años y sigue estando estupenda. Con sus achaques, sus dolores y sus penas, pero con la memoria lúcida y los recuerdos vivos.

Mi abuela Narcisa nació con el arranque de 1921. Una década dura para la Galicia rural, donde la falta de expectativas abocaba a la emigración en el mejor de los casos. Dificultades que se tornaron abismos cuando, recién estrenada su adolescencia, la Guerra Civil golpeó a nuestro país.

De aquellos tiempos, poco habla mi abuela. No le gusta emponzoñarse con los malos tragos que pasó en la vida. Reconoce, eso sí, que sufrió penalidades, muchas. No había qué comer. La única forma de llevar algo a la mesa se encontraba en el sacrificio diario: labrar la tierra, cuidar el gando, intercambiar alimentos -si los había- y coser para los vecinos tratando de conseguir algunas monedas.

Mi abuela Narcisa
¡Qué manos las de mi abuela! Estupenda modista. Verla tomar la aguja se convierte en todo un ritual...Y cuando lo hace no puede evitar echar la vista atrás y contar las horas que pasó junto al candil bordando y cosiendo cuando era una niña junto a su hermana Filomena. Punto de cadeneta, punto de tallo, vainica... cosía de noche tras trabajar en el campo, porque su padre (mi bisabuelo) quiso darles un oficio para ganarse el sustento. De sus manos salió la ropa de muchos vecinos del pueblo e incluso, cuenta mi abuela, se encargaron de elaborar los vestidos y el bordado de los danzantes que en aquel tiempo rendían homenaje a la Virgen de la Franqueira. 

La costura ha estado siempre en su vida... comprando hilos mi abuelo comenzó a cortejarla, así que imaginaos cuanto debe agradecer a su pasión por la labor. Es maestra en este arte. Apenas hace unos años, la he visto confeccionar un disfraz para mi hija en apenas unas horas. Medir, cortar, coser...con maña y tiento. Daba gusto verla. Aún guardo el trajecito. También conservo, como oro en paño, un juego de sábanas que me bordó para el día de mi boda...

Abuela, ¡cuánto por aprender de tu experiencia! Incansable trabajadora dentro y fuera del hogar. Sacaste adelante a cinco hijos, mientras cuidabas de los mayores de la casa. Salías al campo recién amanecía y con la puesta del sol retomabas tu costura para vestir a los tuyos y a los que se terciaba.

Ahora, a tus 90 primaveras, sigues bordando pero cariño y afecto por los tuyos. Con arte, con mimo, con amor. Para mi siempre has sido un ejemplo de tesón y constancia. Orgullo de nieta, ya ves. Sé que esto no lo vas a leer nunca, no te imagino navegando en internet, la verdad. Pero aquí lo dejo, abuela, para que sepas que siempre me he sentido feliz  por venir de donde vengo.

27 de enero de 2011

Aromas de Taboexa en mi barrio

Los del Barrio del Pilar estamos de enhorabuena. Y no es para menos. Hace unas semanas ha desembarcado en el vecindario una tienda de productos gallegos, "Casa de Breogán", que tiene de todo, de todo lo bueno. Les sirven a diario desde Verín y a la entrada cuentan con varias bandejas para degustar su género. ¡Es una gozada pasar por allí!

Es cara, eso sí, pero te despachan pan de verdad,  pan do país, de ese que se hace en horno de leña; hogazas de centeno;  empanadas de carne, de xoubas, de atún; melindres; bicas; roscón;  dulces de leche; requesón; miel... Bueno, y ¡tienen huevos de gallina de gallinero!... de los de la yema amarillita. También grelos y patatas recién traídas de la finca. Chourizas, pernil y unto. Orujo, vino, augardente...

Quería contaros esto porque hoy he estado allí y el aroma de la tienda es similar al de la cocina de mi abuela Narcisa... Olor a pueblo, a mimo, a amor por el producto cultivado en la tierra. De eso se carece bastante en la ciudad, por eso, descubrir negocios cimentados en los productos del campo es una bocanada de aire fresco en el asfalto.

Así que sí. Creo que los dueños del establecimiento han acertado con la oferta de productos y con el emplazamiento (somos muchos los gallegos en esta zona de Madrid). A ver si tienen suerte y salen adelante vendiendo calidad y tradición. 

Por mi parte, ¡bienvenidos!

Por cierto, si pasáis por la calle de La Bañeza, a la altura del número 34, echadle un vistazo al escaparate. Seguro que caeréis en la tentación.

26 de enero de 2011

Pepe do Barreiro, mi abuelo

Abuelo, hace ya mucho tiempo que te marchaste para siempre aunque, en realidad,  te habías ido mucho antes, cuando se nubló tu entendimiento y apenas eras una sombra del hombre al que aprendí a escuchar y respetar durante los veranos de mi infancia.

Mi abuelo, Pepe do Barreiro
De aquellos días recuerdo tu media sonrisa, tu sentido del humor y el tesón propio de los hombres de campo, trabajadores incansables. Por eso quiero rendirte este pequeño homenaje, para dejar constancia de mi agradecimiento por lo mucho que aprendí a tu lado y al de la abuela. 

Mis primeras imágenes de Taboexa las ubico alrededor de mis cinco años. Yo apenas entendía el gallego y tú te empeñabas en soltarme parrafadas, bien largas, de las que apenas comprendía la mitad. ¡Qué tiempos! Mi madre siempre cuenta que aquel verano estuviste un buen rato pidiéndome que te llevase unha zarapalleira y que yo daba vueltas por la cocina sin saber qué traerte, mientras que a mi lado había una pila de trapos... Ay... Supongo que entre aquellos discursos y el resto del ambiente, se me quedó la lengua que ahora comprendo sin problemas y hablo a trastabillas.

Era yo una cría cuando te ponías al frente de los mayores de la casa para salir a regar de madrugada, lloviese o no, con un foco para alumbrar el camino y las veigas...Y después, durante la mañana, te encargabas de xunguir os bois para ir con el carro a limpiar el monte de toxo, piñas y madera; o te encaminabas a las fincas a recoger el millo que previamente habíais segado; o comenzabas a cortar la leña para alimentar la cocina. Pocas veces estabas sentado ocioso. Siempre tenías algo entre las manos: afiabas a fouzaña, debullías o millo, mientras liabas con una sola mano el tabaco de tu eterno pitillo, que posteriormente se transformó en los cigarrillos "celtas" cuyo olor invadía toda a eira.

Ahora, cuando cierro los ojos, la memoria me devuelve imágenes de ti algo borrosas...como si el tiempo se empeñase en desdibujar tu figura. Sin embargo, conservo perfectamente almacenados pequeños retazos de tus charlas, a media tarde, mientras se escondía el sol. Y también se asoman a mis recuerdos tu planta de hombre apuesto, esbelto y gallardo, y tus brazos fibrosos, tatuados durante la guerra civil que se llevó por delante la  inocencia de toda una generación de jóvenes españoles. Pero lo que siempre tendré presente son las sensaciones que supiste transmitirme y el respeto por el campo. Impresiones que han marcado mi sensibilidad y mi amor por Taboexa.  

Pese al paso del tiempo, todavía me detengo a escuchar el  cántico del agua cayendo en el pilón de delante de casa, y cuando el cielo se torna anaranjado, momentos antes de la puesta de sol,  te recuerdo, abuelo, mirando hacia el infinito. Con tu chapeau bien calzado sobre la cabeza y el bastón, firme, entre las manos. Perdida tu vista en el coto de Santa Cristina mientras se ocultan los últimos rayos.

Dicen que sólo el olvido nos hace desaparecer definitivamente. La familia te sigue recordando, abuelo. Te llevamos en el corazón. 

25 de noviembre de 2010

Maletas de cartón: recuerdos de mi familia emigrante

Revisando las estadísticas del blog me he dado cuenta de que muchas de las visitas proceden  de Argentina,  Costa Rica, Alemania, Brasil, Chile, Estados Unidos e incluso de Rusia. ¡Toda una sorpresa dado los temas que trato en esta bitácora! Así que imagino que detrás de esos clics a Buscando entre la niebla estaréis lectores amantes de la tradición, de la cultura gallega o de la historia antigua que vivís en esos lugares. Claro que si tengo en cuenta que casi siempre hablo sobre Taboexa, la aldea de mis padres, me atrae más la idea de pensar que sois paisanos de mi familia...Y aquí me tenéis, sonriendo mientras me compongo una radiografía que me ofrezca pistas sobre quienes estáis ahí, al otro lado, echando un vistazo a estas pocas letras.

Por si acaso mis cábalas no andan desencaminadas, hoy quiero aprovechar esta entrada para haceros un sencillo homenaje. Un guiño cómplice dedicado a todos los gallegos aguerridos que se vieron obligados a buscar fortuna lejos de su hogar.

Siendo sincera, la emigración me toca bastante de cerca. Primero de todo mis padres, que tuvieron que salir  a trabajar a Madrid recién estrenada la adolescencia porque el pueblo no ofrecía oportunidades. Después, casi todos mis tíos que siguieron sus pasos hacia la capital. 

Al otro lado del Atlántico también cuento con familia y en Portugal, donde se establecieron hermanos de mis abuelos. Argentina, Uruguay,  Brasil, Portugal, Alemania, Suiza... Países hermanos para miles de gallegos, donde trabajaron sin descanso para  ayudar a los suyos y labrarse un futuro mejor.


"Maletas" Foto de Manuel Ferrol.
Lamentablemente, la pista de algunos se nos ha perdido entre tanto ir y venir y por el paso de los años. Daños colaterales de la cruda y durísima emigración. Otros siguen allí asentados, donde formaron sus familias. Y los menos regresaron para recuperar sus raíces o vender las pocas tierras que aún tenían en la aldea.

Cuando reflexiono sobre esto vuelven a mi memoria conversaciones de sobremesa en las que yo, una niña,  no entendía bien de qué se hablaba. Donde unos y otros se ponían al día de los cambios que se habían producido en  sus vidas o en el pueblo durante la obligada y larga ausencia. Haciendo un rápido balance, puedo considerarme afortunada de haber conocido a muchos de los que tuvieron que marcharse a otras tierras. Otros acentos, otras costumbres.

Y es inevitable, siempre que hablo sobre la emigración de mi familia recuerdo el texto que declama el gaiteiro en la cantiga “Muller” de  Fuxan os Ventos, uno de mis grupos favoritos:
"E o voltar, ¿qué che hei decir?
¡Maldito o día e a hora
en que vos deixei aquí
pra percurar vida fora!
O inverno da emigración
roubóunos a primavera
quen eu era, xa non son
e ti non es a que eras.
Xa poden os leiros dar
colleitas ben abondosas
poden en Madrid falar
con palabras ben fermosas
que nunca, nunca nos han pagar
a nosa fame de outrora".
Traducción: "Y al regresar, ¿qué te diré? Maldito el día y la hora en que te dejé aquí para buscar vida afuera . El invierno de la emigración nos robó la primavera, quien yo era ya no soy y tú no eres la que eras. Ya pueden las fincas dar cosechas bien abundantes, pueden en Madrid hablar con palabras bien hermosas que nunca, nunca nos pagarán nuestra hambre de antes".

Fuxan os Ventos cantando "Muller"

Creo que esta hermosísima canción retrata admirablemente el sentir del emigrante y de los que se quedaron atrás, esperando su vuelta. Una crítica feroz al abandono que vivieron los campesinos cuando el hambre atenazaba las tripas. Imposible reprimir las emociones al escucharla, compartiendo el sentimiento de los que tuvieron que abandonar su aldea adorada para ganarse el sustento.

"Padre e hijo llorando. Despedida de emigrantes" Foto de Manuel Ferrol.
Y así, con los últimos ecos de este himno a la emigración resonándome aún en la cabeza, cargada de nostalgia y de saudade, me despido no sin antes recordar a mis tío-abuelos. Sus nombres son sólo un ejemplo de la emigración gallega, en este caso de la que me toca las entrañas. En Portugal se asentaron Manuel, Ana Rosa y Clara. Uruguay acogió a Celso. Alejandro trató de prosperar en Brasil. Y Argentina se convirtió en la patria de Filomena, Herminia y Evaristo.

Partieron  con sus sueños como único equipaje en busca de bienestar, dejando atrás familia y una Taboexa sin manos para labrar y sementar el campo. Estéis donde estéis, quiero demostraros de esta forma el orgullo que siento de saberos sangre de mi sangre.

Una pequeña muestra de lo que dejó la emigración en Galicia se encuentra en las casas del  Lugar do Mouro, de las que os hablaba recientemente. Por desgracia, no son las únicas construcciones abandonadas en Taboexa, hay muchas más. Detrás de cada una de ellas una historia de lucha y sacrificio, de tesón y espíritu de mejora, de mozos que partieron hacia rumbos más prósperos cuando vinieron mal dadas, con sus pocas pertenencias protegidas en una tosca maleta de madera y cartón.

Las fotografías que ilustran esta entrada son de Manuel Ferrol, fotógrafo histórico cuyas imágenes se han convertido en un icono de la emigración gallega. Su página web es un muestrario de lo que vivió la Galicia emigrante en los años 50.  

17 de noviembre de 2010

Magosto, homenaje a la castaña

El frío gana el pulso al tímido sol que todavía se asoma entre las nubes. Llega noviembre. Es tiempo de magosto, una fiesta popular donde el fuego y  la castaña son protagonistas.

El término magosto tiene su origen en el latín: Magnus Ustus, gran hoguera, o Magum Ustum, hoguera mágica. En ambos casos, el fuego da nombre a una fiesta que se realizaba tras la recogida del fruto, coincidiendo con el agradecimiento por la cosecha recibida en Samaín.


Castañas

Como tantos rituales celtas, el magosto celebra el final de la recolección. Reuniones en torno a la hoguera, después del equinoccio de invierno y justo antes de la temporada de la matanza. Una fiesta de exaltación y de agradecimiento a la Tierra por el alimento recibido.

Los ecos de entonces continúan resonando en nuestros tiempos y allí donde se dan los castaños, seguimos festejando en torno al fruto que en tiempos mantuvo a la población bien alimentada en los meses de frío. Un buen año de castañas garantizaba la supervivencia durante el invierno. Con ellas se molía harina, se nutría la familia. No en vano, la castaña, junto a la bellota, era un alimento principal que sólo perdió su importancia con la llegada del maíz y de la patata, tras el descubrimiento de América.

Esta tradición sigue muy presente en Galicia y en el norte y oeste de la Península Ibérica. Kilos y kilos de castañas, pan y el primer vino nuevo de la reciente vendimia se dan cita, año tras año, para organizar un festín en cada casa.

Me cuentan mis padres que en Taboexa, cuando ellos eran niños, se juntaban vecinos y familia para comer juntos na eira las castañas que habían recolectado. Sobre la tierra, un poco de fasco (hojas del pino secas esparcidas por el suelo) y algo de romero para dar aroma. Se prendía la lumbre y, cuando las brasas estaban listas, se añadían las castañas. Ummm... parece que puedo percibir el olor. Reuniones entrañables donde solían ponerse al día de los últimos rumores de la aldea y donde las canciones populares y las leyendas siempre hacían acto de presencia mientras se consumían las llamas.

Citas alrededor del fuego que a día de hoy siguen uniendo a los amigos y a la familia.

Magosto, un homenaje a la castaña que nos recuerda lo que fuimos.

Castaño en otoño
Si tienes ocasión de acudir a esta fiesta, cierra los ojos mientras las brasas asan el fruto que nos ofrece el "árbol del pan", de la vida, en la tradición celta. Seguro que sentirás el respeto que daban a este árbol sagrado, de porte majestuoso y enorme longevidad, que sigue salpicando nuestros bosques...

Y saborea la castaña como si de ello dependiese tu vida y la de los tuyos durante el frío invierno que llama a la puerta. Seguro que verás con otros ojos esta celebración y las castañas te sabrán muchísimo más sabrosas.

¡Buen provecho!

20 de octubre de 2010

Taboexa-Tabueja-Tabuela-Tabulela-Tabulae

Últimamente he estado revisitando la obra de Ricardo Soca “La fascinante historia de las palabras”. Un libro más que recomendable, útil, sorprendente y, en ocasiones, divertido. Con una agilidad que te atrapa desde el principio, consigue trasladarte a los orígenes del castellano. Saber, por ejemplo, que la palabra celta tiene su origen en celti, que era como llamaban los romanos a los pueblos que habitaban al norte de los Alpes, Gran Bretaña o Irlanda. Y que el origen de celti está, a su vez, en Kéltica, el término con que los griegos denominaban al territorio desconocido de Europa.

Es fascinante saber de donde vienen nuestras palabras, las historias que originaron sus usos, las raíces etimológicas de los términos que empleamos cada día. Sin ir más lejos, puede que el topónimo de la aldea de mis padres se encuentre en estas marcas horadadas en la piedra.  

Juegos celtas (Taboexa)
Es un foro de juegos celtas y se encuentran en pleno monte de Taboexa, en el barrio denominado Morgallón. Se dice que estos juegos fueron copiados en tablas en toda la zona de influencia del castro que ocupaba la actual aldea. De ahí que muchos crean que Taboexa tiene su origen en el término tabulae, del latín, cuyo significado es tabla o tablero. De tabulae, pasó a Tabulela, según se recoge en algunos escritos eclesiásticos, y de ahí, al topónimo actual.   
 

Así, el nombre de la aldea se enraíza en su origen castreño. En estos juegos señalados en la piedra, grabados que salpican buena parte de los montes de la zona.

Como vengo escribiendo, Taboexa es la parroquia de As Neves que cuenta con mayor riqueza histórica y patrimonial, incluyendo un tesoro castreño que se encuentra en el Museo Provincial de Pontevedra (a cuyos restos confío en acercarme en futuras entradas de esta bitácora).

Además de estos juegos de tablas, paseando por los montes de Taboexa, podemos encontrar otras muestras de impronta celta: como piedras del poblado, una lagareta de aceite, simbología grabada en las rocas, cuevas rituales…Magia e historia dándose la mano junto a una naturaleza abrumadora.

Detalle de uno de los juegos (Taboexa)
Pero conseguir visitar estos restos resulta toda una hazaña a día de hoy. Su estado es lamentable y se encuentran totalmente abandonados. Es una lástima que perdamos este vínculo con lo que fuimos, con lo que nos ha hecho ser como somos...con aquello que, especialmente en este caso, nos ha dado nombre. Creo que urge la protección de este Patrimonio. Hace falta que se cense, se señale y se cuide por parte de la Administración para evitar posibles saqueos o destrozos, para promover su estudio y su respeto.

Yo no hubiese podido localizarlo sin ayuda por lo que quiero agradecer a mi prima Maribel su tiempo y esfuerzo para alcanzar este objetivo. Encontrar estos restos nos permitió pasar una tarde estupenda junto a nuestra familia, perdiéndonos entre la maleza y descubriendo estas señales marcadas en la roca.

Maribel y yo, exploradoras
¡Muchísimas gracias, prima! ¡Somos unas geniales Indiana Jones!


13 de agosto de 2010

Gracias por sacar adelante la oposición

Todavía sigo sin asimilar la noticia. He aprobado y sacado plaza en la oposición. Una oposición que me ha costado horas de sueño, de encuentros con amigos, de festejos con familiares. Que se ha llevado parte de mi salud, de mi dinero, del disfrute de acompañar a mi hija en sus primeros años, que me ha desvelado madrugadas enteras.

Y he llorado. He llorado mucho por lo que he perdido, por el tiempo que he tenido que robar a los demás: a mis padres, a mi suegra, a mi marido, a mi hermana. De ellos es parte del éxito de este aprobado. Ellos han estado hasta el final arrimando el hombro siempre que hizo falta: "Necesito que te quedes con la niña, que la lleves al médico, que me hagas la compra..." Tantos favores sin pedir nada a cambio. Ni siquiera me miraron mal cuando dije que lo veía muy negro. Que el sueño de conseguir plaza se me había escapado entre los dedos en el primer examen, dejándome dentro pero pocas décimas por encima del corte.

He llorado de alegría. Porque ahora se me abre otro horizonte profesional, sin las aristas del desempleo en ciernes y con la ilusión de levantar una Administración para muchos anquilosada. Confío en desterrar  esa imagen del funcionario acomodado ya que pienso seguir con mi forma de trabajar. Doce años en la empresa privada, sacando la faena siempre a tiempo, te dan tablas para mover el molino aunque escasee el agua. Ahora, eso sí, teniendo muy claros mis derechos y exigiendo que se respeten sin miedo. No como antes.  

Jamás pensé que esto iba a ser tan duro. Compaginar familia, trabajo, estudio, academias y ocio se ha hecho verdaderamente difícil. Pero al final he obtenido mi recompensa, nuestra recompensa. 

Ahora, con la plaza en la mano, sólo puedo esbozar una sonrisa y una dedicatoria. Yo he sufrido, sí. Pero también mi familia ha  luchado en esta oposición.

Gracias por vuestra ayuda, sin vosotros no hubiera sido posible.



9 de junio de 2010

Alexandra

Hoy toca hablar de ti, Alexandra. Ya hace casi un año que te fuiste de nuestras vidas y, desde entoces, todos los días te he dedicado un pensamiento, unos segundos. Tu marcha nos ha dejado a todos conmocionados. Especialmente a tus padres y a tu hermano, ya no volverán a ser los mismos.

¿Sabes? El otro día te vi en unas fotos, durante la comunión de mi hermana. Estabas muy guapa, con un lazo en la cabeza, jajaja...Tendrías unos cinco años entonces...Parece mentira. Se me hizo un nudo en la garganta, contemplé la imagen y esbocé una tímida sonrisa. Aún me cuesta hablar de ti sin llorar.

Supongo que estas letras me servirán de desahogo, ahora que en breve volveremos a juntarnos para la misa de cabo de año. No has sido la primera persona importante que se me ha ido, pero sí la más joven. Tenías apenas 24 años recién cumplidos y sólo puedo sentir ira por tu desaparición. Confío en que estés donde estés sigas con tu eterna y contagiosa sonrisa, Alex.

¡Te echo de menos, primita!