13 de agosto de 2010

Gracias por sacar adelante la oposición

Todavía sigo sin asimilar la noticia. He aprobado y sacado plaza en la oposición. Una oposición que me ha costado horas de sueño, de encuentros con amigos, de festejos con familiares. Que se ha llevado parte de mi salud, de mi dinero, del disfrute de acompañar a mi hija en sus primeros años, que me ha desvelado madrugadas enteras.

Y he llorado. He llorado mucho por lo que he perdido, por el tiempo que he tenido que robar a los demás: a mis padres, a mi suegra, a mi marido, a mi hermana. De ellos es parte del éxito de este aprobado. Ellos han estado hasta el final arrimando el hombro siempre que hizo falta: "Necesito que te quedes con la niña, que la lleves al médico, que me hagas la compra..." Tantos favores sin pedir nada a cambio. Ni siquiera me miraron mal cuando dije que lo veía muy negro. Que el sueño de conseguir plaza se me había escapado entre los dedos en el primer examen, dejándome dentro pero pocas décimas por encima del corte.

He llorado de alegría. Porque ahora se me abre otro horizonte profesional, sin las aristas del desempleo en ciernes y con la ilusión de levantar una Administración para muchos anquilosada. Confío en desterrar  esa imagen del funcionario acomodado ya que pienso seguir con mi forma de trabajar. Doce años en la empresa privada, sacando la faena siempre a tiempo, te dan tablas para mover el molino aunque escasee el agua. Ahora, eso sí, teniendo muy claros mis derechos y exigiendo que se respeten sin miedo. No como antes.  

Jamás pensé que esto iba a ser tan duro. Compaginar familia, trabajo, estudio, academias y ocio se ha hecho verdaderamente difícil. Pero al final he obtenido mi recompensa, nuestra recompensa. 

Ahora, con la plaza en la mano, sólo puedo esbozar una sonrisa y una dedicatoria. Yo he sufrido, sí. Pero también mi familia ha  luchado en esta oposición.

Gracias por vuestra ayuda, sin vosotros no hubiera sido posible.



30 de julio de 2010

Muiños de Taboexa, nostalgia del pasado

En la adolescencia de mis padres todavía se iba a moler grano a los molinos de Taboexa. Y no hace tanto de eso, la verdad. Ellos aún no peinan los sesenta, así que, si me guío por sus recuerdos, estoy hablando de que hace cincuenta años aún se utilizaban herramientas como esta para llevar a casa harina y tratar de sacar adelante a la familia.


Muiño da Durana

Eran tiempos duros en los que apenas había qué llevarse a la boca en la mayoría de las aldeas gallegas. Patatas, unto de cerdo, castañas, vino y maíz para subsistir. De aquellos años difíciles dan cuenta las piedras de estas moles que resisten impertérritas el paso de la historia. 

En Taboexa todavía quedan bastantes molinos (se estima que alrededor de 25), algunos de ellos reconstruidos, para suerte de los vecinos. Al igual que en otros lugares de Galicia, están levantados junto a riachuelos que movían la muela gracias a la fuerza del agua. Otros, lamentablemente, se han echado a perder.

En los molinos que se han rehabilitado sólo se puede entrar  con permiso, por lo que su maquinaria se encuentra a salvo de vándalos y amigos de lo ajeno. Otros han perdido la riqueza que guardaban a manos de desalmados. Así que los amantes de la antropología y de las piedras que nos recuerdan nuestra historia tenemos que conformarnos con pequeñas perlas como ésta, cuyo lugar de acceso me reservo. En este rincón, la muela está intacta y es fácil imaginar como trabajaba para quienes acudían allí a triturar el grano.


Piedra de moler o muela

Me cuentan mis padres que en Taboexa la mayoría de los molinos eran del pueblo y que había turnos para que cada casa moliese su grano. A veces les correspondía un molino por horas, otras por días. Entonces, toda la familia colaboraba para obtener la harina que serviría para alimentarles durante varios días: había que cargar el grano (a cuestas o en un animal de carga) hasta el molino que te había tocado en el reparto; limpiarlo y prepararlo para que la fariña llegase en buenas condiciones a la casa; y aguardar hasta que se terminaba toda la labor. También recuerdan que no siempre se podía moler en la aldea por lo que debían acudir a molinos de pago, como el de Vilacoba, donde se cobraba en especie por triturar el grano. Parece otra época, ¿verdad?

En estos lugares se conserva la esencia de lo que somos. El paisaje, el murmullo del agua, el musgo, la vegetación... casi se pueden percibir las sensaciones que vivieron nuestros antepasados en las noches de molienda. Aguzando el oído, quizá podremos escuchar las charlas de espera y las canciones populares que les acompañaron en las madrugadas templadas. Puede que las piedras nos acerquen también hasta los romances que se sellaron a los pies de sus muros. O, por el contrario, nos relaten los miedos de quienes  creyeron ver las luces de las ánimas en pena buscando sustituto para dirigir su Santa Compaña.  Ensoñaciones, mitología.  Otros tiempos.



Yo creo que acercarse hasta los molinos de agua de antaño es una actividad más que recomendable. Visitar sus construcciones y su entorno se me antoja un acto de respeto. Lugares donde podemos acercarnos a nuestro reciente pasado para dejarnos embriagar por el vértigo del cambio, de la evolución. Arquitectura popular que debería honrarse y protegerse desde las Administraciones y por los particulares que las tienen en propiedad.

Galicia conserva un interesante patrimonio que debería figurar en las rutas de los amantes del pasado.  Si visitáis esta tierra, no olvidéis buscar sus molinos de agua y preguntad a cualquier paisano. Seguro que estará encantado de contaros cómo, no hace tanto, se molían las semillas del maíz, del centeno o del trigo en estas hermosas construcciones de piedra.

2 de julio de 2010

Nunca choveu que non escampara

Hoy llueve en Madrid y es inevitable que el olor a tierra mojada me traslade hasta ti. Incluso llego a sentir el murmullo de los árboles acunados por la brisa. Tormenta de verano, choiva miudiña.

Todo huele a renovado, a pureza. El golpeteo de las gotas sobre el cristal se entremezcla con mis recuerdos y se transforma. Me dejo llevar.

Cierro los ojos y me traslado hasta la Fonte Nova,   puedo escucharla verterse sobre o camiño. Pausadamente, sin prisa. Sentir su frescura, que anticipa la que más arriba, en la Fuente del Santo, saciará alma y sed.

Pienso que hace tiempo que no me animo a subir hasta la cima de San Domedio. Este verano habrá que cumplir. Han sido meses difíciles y hay que agradecer seguir aquí, aunque con los sueños rotos.

No miraré atrás ni imaginaré lo que pudo haber sido. Es tiempo de levantarse. Al fin y al cabo, cuando uno cae en lo más hondo, la única salida posible es hacia arriba y adelante. ¡Vamos allá!

Mientras, sigue la cantinela del agua en la calle. La lluvia consigue limpiarme el espíritu. Ahora me encuentro mejor.


Chove en Santiago, de Luar na Lubre, en directo

9 de junio de 2010

Alexandra

Hoy toca hablar de ti, Alexandra. Ya hace casi un año que te fuiste de nuestras vidas y, desde entoces, todos los días te he dedicado un pensamiento, unos segundos. Tu marcha nos ha dejado a todos conmocionados. Especialmente a tus padres y a tu hermano, ya no volverán a ser los mismos.

¿Sabes? El otro día te vi en unas fotos, durante la comunión de mi hermana. Estabas muy guapa, con un lazo en la cabeza, jajaja...Tendrías unos cinco años entonces...Parece mentira. Se me hizo un nudo en la garganta, contemplé la imagen y esbocé una tímida sonrisa. Aún me cuesta hablar de ti sin llorar.

Supongo que estas letras me servirán de desahogo, ahora que en breve volveremos a juntarnos para la misa de cabo de año. No has sido la primera persona importante que se me ha ido, pero sí la más joven. Tenías apenas 24 años recién cumplidos y sólo puedo sentir ira por tu desaparición. Confío en que estés donde estés sigas con tu eterna y contagiosa sonrisa, Alex.

¡Te echo de menos, primita!

25 de mayo de 2010

Sobre el amor

Mirando a mi alrededor sospecho que el amor incondicional ocurre sólo en contadas ocasiones, la verdad. Y casi siempre en las películas. En la vida real, entre una pareja, no existe la entrega total. Todos nos guardamos un espacio en el que refugiarnos de los miedos, en el que preservar nuestra intimidad para esconder aquello que jamás nos atreveríamos a contar al otro. Un rincón donde guardar nuestro yo más oscuro.

Si lo pienso fríamente me da lástima. Es un paso atrás en el AMOR (sí, con mayúsculas). Un muro que impide al otro cruzar las barreras del alma, bucear en los pensamientos del ser amado. Sin freno. Sin miedo a la entrega.

La Princesa Prometida, un homenaje al Amor Verdadero

Seguro que hay más de uno que dirá que lo ha encontrado, digo, el Amor sin condiciones, el Amor Verdadero... Pero yo le aseguro que no. Siempre hay requisitos, exigencias enmascaradas detrás de un "¿me das un beso?" o en "ya sé que no te gusta pero, ¿vamos a ver tal o cual película?" Se pide un masaje, un mimo, un abrazo, una caricia... siempre se quiere algo, se condiciona el amor a aquello que el otro da a cambio.  Si lo haces porque te lo piden te sometes al otro, y si no lo haces el otro siente que ya no le quieres lo suficiente: Se manipula el amor.

Tampoco pasa nada, con esto. Sólo hay que tener claras las reglas del juego. Cuando las peticiones son mutuas no se esclaviza el amor. Hoy cedes tú, mañana lo hago yo. Al fin y al cabo, todos necesitamos que nos quieran y querer...

En cualquier caso, esta reflexión me invita a pensar que no existe el amor sin límites. Quizá nunca existió.

En fin. Probablemente, mañana cambiaré de opinión respecto a esto ya que no hay pensamientos firmes respecto al amor... Un beso puede hacerte cambiar de criterio en sólo segundos.

10 de diciembre de 2009

Sin pretensiones

El miedo a olvidar ha sido el revulsivo que me ha puesto en marcha.
Llevo un tiempo dándole vueltas y al final me he decidido. Sin ningún objetivo, sin compromiso de publicación habitual. Sólo quiero estar porque hay que estar. Sólo busco un espacio para recoger impresiones, sentimientos, recuerdos...


Últimamente pienso mucho en Galicia. Bueno, más concretamente en la aldea de mis padres. No quiero que se pierdan los detalles que aún mantengo en la retina sobre mi infancia allí, y deseo apuntar aquí las voces de mis abuelos y del resto de los míos para mostrar la imagen que tengo de aquella tierra. Quizá irreal, seguro inventada y matizada por mil ensoñaciones. Una visión nublada, mezclada con las vivencias que me han contado otros y con los romances y canciones del folclore que me acompañan cada día en mi mp3.

Y aquí estoy, pues. Sin ninguna pretensión.