23 de febrero de 2011

Mi abuela Xusta, cantigas en el recuerdo

Me cuenta mi madre que a la abuela Xusta le encantaba iniciar cantigas cuando se sachaba o arrendaba el millo. Y que el ambiente, muchas veces, tenía un aire de fiesta porque algún vecino se picaba y comenzaba una “pelea” de coplas entre finca y finca.

Mi abuela Xusta. ¡Qué gran mujer! Siempre junto al abuelo. En el campo y en casa. Atendiendo las tareas agrícolas y ganaderas sin dejar de lado los quehaceres del hogar. Un claro ejemplo de campesina gallega. Al pie del cañón, atendiendo a la familia, tejiendo su ropa y acompañando al esposo no agro, los niños bajo las parras o, si eran mayorcitos, ayudando en el cuidado de los animales.

Una carga descomunal que en el caso de mi abuela Xusta (y seguro que en el de muchas bravas mujeres) sólo ha pasado factura en los últimos años. Aún no hace mucho, se encargaba da horta o de acudir a soltar el agua de la poza para O Piñeiro, Xeljouro o Baliños, cuando a partir del 24 de junio comenzaban los cupos de riego en Taboexa. 

Lamentablemente aquello pasó y ahora sólo sonríe cuando charlamos un ratito con ella u observando a su bisnieta Sara, que ha sido el punto de inflexión que la ha vuelto a sujetar a la vida.

Abuela, ¡me cuesta tanto ver como te vas apagando lentamente!

Mi hermana y yo junto a la abuela Xusta
Por eso prefiero quedarme con las vivencias que hemos disfrutado juntas. Y te recuerdo declamando aquellos versos y cantigas de los que habla mamá. Por suerte, tu memoria portentosa nos permitió disfrutar de estos poemas, canciones y chanzas cuando atardecía en casa durante el verano. Y me aferro a tus muestras de cariño, a tu mano prendida a la mía cuando íbamos al mercado, mientras tratabas de aprovechar el poco tiempo que pasábamos contigo mi hermana y yo. Y sonrío rememorando las riñas que teníamos mientras escondías algún billete en mi bolsillo, antes de que regresásemos a Madrid. “Para que te compres algo que te recuerde a la abuela”, decías.

Y mi hermana y yo te hacíamos caso. Aún conservo medallitas y amuletos que me han acompañado a todos los exámenes que he hecho en mi vida. Un par de brujitas, de esas que coleccionaba cuando era una adolescente. Y una chaqueta que me encanta, aunque pasó de moda hace años…

Pese a que la ingrata y cruel enfermedad está cebándose con tu vitalidad, tu nervio y tu sonrisa, en mi mente sigo escuchando tus viejos romances, abuela, y siempre que oigo cantigas antiguas regreso a mi infancia para  tomarte la mano y dejarme mecer por tu voz. 

Te quiero, abuela.  

22 de febrero de 2011

Cantares labriegos

No ha despuntado el día y los labriegos de antaño marchan ya al campo. Con suerte, una cesta con queso, pernil y pan de millo será el almuerzo cuando el sol alcance el cénit.  Todo regado con viño da casa o quizá, agua y limón.

Acompañado por su esposa e hijos, el campesino se despereza camino de la faena. Se agacha, agarra el lujón tomando un puñado de tierra, mira al cielo y empieza su labor. Al tiempo, comienza el canto, acompasado,  y el agotamiento parece más llevadero con los versos que alientan el trabajo.
"Algún día por verte
daba cien vueltas
y ahora para no verte
doy cuatrocientas."
En Taboexa, como en otras aldeas gallegas, crear folclore y sacar la faena era todo uno cuando mis abuelos rezumaban juventud. De aquellos tiempos los mayores recuerdan la dureza del arado pero también la alegría que en ocasiones se vivía durante los trabajos, cuando se sachaba o se arrendaba el millo. Si la lluvia no aparece y el cansancio lo permite, siguen las coplas.
"Ollos verdes son traidores,
azules son mentireiros,
os negros e acastañados
son firmes e verdadeiros."
Y continúa el labriego su labor mientras cae la tarde. De regreso a casa, aún quedan fuerzas para cuidar del ganado y para atender a la familia antes de descansar. Tareas en las que quizá se acompañe por alguna canción o coplilla.



La música, ¡qué gran compañera de fatigas! 

Por eso, cuando algo me va mal, tarareo cualquier musiquilla… y recuerdo que así se entretenían mis antepasados, no hace tanto tiempo.  Aprovecho estas líneas para manifestar mi agradecimiento a todos aquellos que se han encargado de recoger y conservar el rico y extenso patrimonio folclórico de Galicia, sus canciones, sus romances y sus danzas populares.

Os dejo una pequeña muestra en el video adjunto. Confío en que os guste.

11 de febrero de 2011

¡Maldita plaga que hieres el corazón de Taboexa!

Se me rompe el corazón al saber que están arrasando tus montes, Taboexa. Me cuentan que los tocones salpican la tierra en la que antes se alzaban orgullosos los árboles que hemos visto crecer desde hace décadas. Dicen que apenas queda nada, sólo tierra yerma y sombría... Y el silencio angustiado del bosque al anochecer tras la herida continua que lastima tu alma, agredida por las sierras eléctricas que intentan evitar males mayores al resto de Galicia.

Gusano del pino y detalle de su cabeza.
Imagen original en Waldwissen.net
La Xunta estaba sobre aviso, pero el culpable de esta ruina llegó sigiloso. Rápido y certero, se introdujo en el corazón del pinar y, obstaculizando los canales que transportan la savia vital, asfixió algunos ejemplares en menos de tres meses.

Se trata del nematodo de los pinos, el bursaphelenchus xylophilus, un gusano inapreciable a simple vista que devasta y arrasa las coníferas que encuentra a su paso.


El ciclo de vida de este asesino resulta abrumador, como podéis ver en la foto adjunta. La plaga se contagia rapidísimamente desde los árboles enfermos a los sanos a través de un escarabajo que introduce al parásito perforando la madera. Una vez infectado, el pino no tiene salvación. La única forma de vencer es talar y quemar los árboles.  ¡Una catástrofe medioambiental en estos tiempos de calentamiento global!


Ciclo vital del gusano. Imagen original en Forest Research

La batalla para frenar este ataque es dura. Ya que no existe vacuna para los árboles heridos, los esfuerzos se centran en tratar de evitar que la enfermedad contagie al resto de la masa arbórea de la región. Hay que erradicar todos los ejemplares sensibles al maldito gusano, estén o no enfermos, en un radio de 1,5 kilómetros alrededor del foco donde se haya detectado. Además, para evitar que el nematodo prosiga su marcha destructiva, la lucha suma una cuarentena de la madera en 20 kilómetros alrededor de este punto, con el consiguiente sufrimiento y perjuicio económico de los madereros de la zona.

Taboexa, Leirado, Meder... sacrifican sus árboles estos días en aras de evitar un mal mayor. Mientras, sus vecinos lloramos la pérdida de tanta riqueza, belleza y magia.


Me despido, no sin antes invitaros a cerrar los ojos y escuchar el susurro de las ramas al viento. Sentid la brisa y el aroma del bosque, el murmullo de los regatos descendiendo mansos sobre la ladera... Son imágenes que tengo grabadas a fuego en mi retina, un refugio cuando la ciudad me ahoga. Ojalá nadie olvide lo que fue el monte de Taboexa, que nuestros pequeños sepan de su frondosidad, de sus sonidos, de sus misterios...

Estoy convencida y mantengo la esperanza de que en veinte años los montes de la aldea habrán recuperado su esplendor, incluso podríamos tener la suerte de que los carvallos volviesen a reinar sobre la zona. Mientras tanto, habrá que permanecer alerta para que esta pérdida no favorezca a los especuladores.

Si deseáis saber algo más sobre el ataque del nematodo del pino en la zona, podéis consultar algunos de estos enlaces o visitar Forotaboexa, donde los foreros informan del proceso de poda que está padeciendo la aldea en su lucha contra este terrible asesino.  

9 de febrero de 2011

Narcisa, bordando amor durante años

Acaba de cumplir 90 años y sigue estando estupenda. Con sus achaques, sus dolores y sus penas, pero con la memoria lúcida y los recuerdos vivos.

Mi abuela Narcisa nació con el arranque de 1921. Una década dura para la Galicia rural, donde la falta de expectativas abocaba a la emigración en el mejor de los casos. Dificultades que se tornaron abismos cuando, recién estrenada su adolescencia, la Guerra Civil golpeó a nuestro país.

De aquellos tiempos, poco habla mi abuela. No le gusta emponzoñarse con los malos tragos que pasó en la vida. Reconoce, eso sí, que sufrió penalidades, muchas. No había qué comer. La única forma de llevar algo a la mesa se encontraba en el sacrificio diario: labrar la tierra, cuidar el gando, intercambiar alimentos -si los había- y coser para los vecinos tratando de conseguir algunas monedas.

Mi abuela Narcisa
¡Qué manos las de mi abuela! Estupenda modista. Verla tomar la aguja se convierte en todo un ritual...Y cuando lo hace no puede evitar echar la vista atrás y contar las horas que pasó junto al candil bordando y cosiendo cuando era una niña junto a su hermana Filomena. Punto de cadeneta, punto de tallo, vainica... cosía de noche tras trabajar en el campo, porque su padre (mi bisabuelo) quiso darles un oficio para ganarse el sustento. De sus manos salió la ropa de muchos vecinos del pueblo e incluso, cuenta mi abuela, se encargaron de elaborar los vestidos y el bordado de los danzantes que en aquel tiempo rendían homenaje a la Virgen de la Franqueira. 

La costura ha estado siempre en su vida... comprando hilos mi abuelo comenzó a cortejarla, así que imaginaos cuanto debe agradecer a su pasión por la labor. Es maestra en este arte. Apenas hace unos años, la he visto confeccionar un disfraz para mi hija en apenas unas horas. Medir, cortar, coser...con maña y tiento. Daba gusto verla. Aún guardo el trajecito. También conservo, como oro en paño, un juego de sábanas que me bordó para el día de mi boda...

Abuela, ¡cuánto por aprender de tu experiencia! Incansable trabajadora dentro y fuera del hogar. Sacaste adelante a cinco hijos, mientras cuidabas de los mayores de la casa. Salías al campo recién amanecía y con la puesta del sol retomabas tu costura para vestir a los tuyos y a los que se terciaba.

Ahora, a tus 90 primaveras, sigues bordando pero cariño y afecto por los tuyos. Con arte, con mimo, con amor. Para mi siempre has sido un ejemplo de tesón y constancia. Orgullo de nieta, ya ves. Sé que esto no lo vas a leer nunca, no te imagino navegando en internet, la verdad. Pero aquí lo dejo, abuela, para que sepas que siempre me he sentido feliz  por venir de donde vengo.

27 de enero de 2011

Aromas de Taboexa en mi barrio

Los del Barrio del Pilar estamos de enhorabuena. Y no es para menos. Hace unas semanas ha desembarcado en el vecindario una tienda de productos gallegos, "Casa de Breogán", que tiene de todo, de todo lo bueno. Les sirven a diario desde Verín y a la entrada cuentan con varias bandejas para degustar su género. ¡Es una gozada pasar por allí!

Es cara, eso sí, pero te despachan pan de verdad,  pan do país, de ese que se hace en horno de leña; hogazas de centeno;  empanadas de carne, de xoubas, de atún; melindres; bicas; roscón;  dulces de leche; requesón; miel... Bueno, y ¡tienen huevos de gallina de gallinero!... de los de la yema amarillita. También grelos y patatas recién traídas de la finca. Chourizas, pernil y unto. Orujo, vino, augardente...

Quería contaros esto porque hoy he estado allí y el aroma de la tienda es similar al de la cocina de mi abuela Narcisa... Olor a pueblo, a mimo, a amor por el producto cultivado en la tierra. De eso se carece bastante en la ciudad, por eso, descubrir negocios cimentados en los productos del campo es una bocanada de aire fresco en el asfalto.

Así que sí. Creo que los dueños del establecimiento han acertado con la oferta de productos y con el emplazamiento (somos muchos los gallegos en esta zona de Madrid). A ver si tienen suerte y salen adelante vendiendo calidad y tradición. 

Por mi parte, ¡bienvenidos!

Por cierto, si pasáis por la calle de La Bañeza, a la altura del número 34, echadle un vistazo al escaparate. Seguro que caeréis en la tentación.

26 de enero de 2011

Pepe do Barreiro, mi abuelo

Abuelo, hace ya mucho tiempo que te marchaste para siempre aunque, en realidad,  te habías ido mucho antes, cuando se nubló tu entendimiento y apenas eras una sombra del hombre al que aprendí a escuchar y respetar durante los veranos de mi infancia.

Mi abuelo, Pepe do Barreiro
De aquellos días recuerdo tu media sonrisa, tu sentido del humor y el tesón propio de los hombres de campo, trabajadores incansables. Por eso quiero rendirte este pequeño homenaje, para dejar constancia de mi agradecimiento por lo mucho que aprendí a tu lado y al de la abuela. 

Mis primeras imágenes de Taboexa las ubico alrededor de mis cinco años. Yo apenas entendía el gallego y tú te empeñabas en soltarme parrafadas, bien largas, de las que apenas comprendía la mitad. ¡Qué tiempos! Mi madre siempre cuenta que aquel verano estuviste un buen rato pidiéndome que te llevase unha zarapalleira y que yo daba vueltas por la cocina sin saber qué traerte, mientras que a mi lado había una pila de trapos... Ay... Supongo que entre aquellos discursos y el resto del ambiente, se me quedó la lengua que ahora comprendo sin problemas y hablo a trastabillas.

Era yo una cría cuando te ponías al frente de los mayores de la casa para salir a regar de madrugada, lloviese o no, con un foco para alumbrar el camino y las veigas...Y después, durante la mañana, te encargabas de xunguir os bois para ir con el carro a limpiar el monte de toxo, piñas y madera; o te encaminabas a las fincas a recoger el millo que previamente habíais segado; o comenzabas a cortar la leña para alimentar la cocina. Pocas veces estabas sentado ocioso. Siempre tenías algo entre las manos: afiabas a fouzaña, debullías o millo, mientras liabas con una sola mano el tabaco de tu eterno pitillo, que posteriormente se transformó en los cigarrillos "celtas" cuyo olor invadía toda a eira.

Ahora, cuando cierro los ojos, la memoria me devuelve imágenes de ti algo borrosas...como si el tiempo se empeñase en desdibujar tu figura. Sin embargo, conservo perfectamente almacenados pequeños retazos de tus charlas, a media tarde, mientras se escondía el sol. Y también se asoman a mis recuerdos tu planta de hombre apuesto, esbelto y gallardo, y tus brazos fibrosos, tatuados durante la guerra civil que se llevó por delante la  inocencia de toda una generación de jóvenes españoles. Pero lo que siempre tendré presente son las sensaciones que supiste transmitirme y el respeto por el campo. Impresiones que han marcado mi sensibilidad y mi amor por Taboexa.  

Pese al paso del tiempo, todavía me detengo a escuchar el  cántico del agua cayendo en el pilón de delante de casa, y cuando el cielo se torna anaranjado, momentos antes de la puesta de sol,  te recuerdo, abuelo, mirando hacia el infinito. Con tu chapeau bien calzado sobre la cabeza y el bastón, firme, entre las manos. Perdida tu vista en el coto de Santa Cristina mientras se ocultan los últimos rayos.

Dicen que sólo el olvido nos hace desaparecer definitivamente. La familia te sigue recordando, abuelo. Te llevamos en el corazón. 

23 de diciembre de 2010

Forotaboexa, un rincón de Taboexa en la red

Recientemente me he dado de alta en Forotaboexa, un estupendo espacio que se creó hace ya algunos años para todos los amantes y amigos de la aldea.

Estoy feliz de haberme inscrito ya que estoy conociendo a un montón de amigos interesantes: soldetaboexa, arkangel, josedemudo, Carolina, isabel, pepita, tito, Paco do C., ramallosa, rocío, y tantos otros que seguro me permitirán estar más cerca de Taboexa, aún en la distancia.

Me encantan los diferentes espacios de discusión que se han creado en el foro, pero especialmente los que están dedicados a buscar a antepasados, los que recogen leyendas, el que enlaza con acontecimientos de antaño y los que permiten ver fotografías de la zona, como no. Por ese motivo voy a enlazarlo en el blog, para que quienes no conozcan este foro se acerquen a echarle un vistazo...¡Seguro que no les defraudará!

Quiero aprovechar esta entrada para agredecer a todos los foreros la bienvenida que me han brindado y el enlace que han puesto en la página tanto a este blog como al canal que he creado en YouTube con videos sobre la aldea. He notado un montón el incremento de visitas y agradezco muchísimo vuestros comentarios...los de Flor, los de Pepita y los de aquellos amigos anónimos que habéis pasado por aquí.

¡¡Muchísimas gracias, taboexanos!!

Seguro que me convertiré en asidua de este rinconcito de Taboexa en Internet...

25 de noviembre de 2010

Maletas de cartón: recuerdos de mi familia emigrante

Revisando las estadísticas del blog me he dado cuenta de que muchas de las visitas proceden  de Argentina,  Costa Rica, Alemania, Brasil, Chile, Estados Unidos e incluso de Rusia. ¡Toda una sorpresa dado los temas que trato en esta bitácora! Así que imagino que detrás de esos clics a Buscando entre la niebla estaréis lectores amantes de la tradición, de la cultura gallega o de la historia antigua que vivís en esos lugares. Claro que si tengo en cuenta que casi siempre hablo sobre Taboexa, la aldea de mis padres, me atrae más la idea de pensar que sois paisanos de mi familia...Y aquí me tenéis, sonriendo mientras me compongo una radiografía que me ofrezca pistas sobre quienes estáis ahí, al otro lado, echando un vistazo a estas pocas letras.

Por si acaso mis cábalas no andan desencaminadas, hoy quiero aprovechar esta entrada para haceros un sencillo homenaje. Un guiño cómplice dedicado a todos los gallegos aguerridos que se vieron obligados a buscar fortuna lejos de su hogar.

Siendo sincera, la emigración me toca bastante de cerca. Primero de todo mis padres, que tuvieron que salir  a trabajar a Madrid recién estrenada la adolescencia porque el pueblo no ofrecía oportunidades. Después, casi todos mis tíos que siguieron sus pasos hacia la capital. 

Al otro lado del Atlántico también cuento con familia y en Portugal, donde se establecieron hermanos de mis abuelos. Argentina, Uruguay,  Brasil, Portugal, Alemania, Suiza... Países hermanos para miles de gallegos, donde trabajaron sin descanso para  ayudar a los suyos y labrarse un futuro mejor.


"Maletas" Foto de Manuel Ferrol.
Lamentablemente, la pista de algunos se nos ha perdido entre tanto ir y venir y por el paso de los años. Daños colaterales de la cruda y durísima emigración. Otros siguen allí asentados, donde formaron sus familias. Y los menos regresaron para recuperar sus raíces o vender las pocas tierras que aún tenían en la aldea.

Cuando reflexiono sobre esto vuelven a mi memoria conversaciones de sobremesa en las que yo, una niña,  no entendía bien de qué se hablaba. Donde unos y otros se ponían al día de los cambios que se habían producido en  sus vidas o en el pueblo durante la obligada y larga ausencia. Haciendo un rápido balance, puedo considerarme afortunada de haber conocido a muchos de los que tuvieron que marcharse a otras tierras. Otros acentos, otras costumbres.

Y es inevitable, siempre que hablo sobre la emigración de mi familia recuerdo el texto que declama el gaiteiro en la cantiga “Muller” de  Fuxan os Ventos, uno de mis grupos favoritos:
"E o voltar, ¿qué che hei decir?
¡Maldito o día e a hora
en que vos deixei aquí
pra percurar vida fora!
O inverno da emigración
roubóunos a primavera
quen eu era, xa non son
e ti non es a que eras.
Xa poden os leiros dar
colleitas ben abondosas
poden en Madrid falar
con palabras ben fermosas
que nunca, nunca nos han pagar
a nosa fame de outrora".
Traducción: "Y al regresar, ¿qué te diré? Maldito el día y la hora en que te dejé aquí para buscar vida afuera . El invierno de la emigración nos robó la primavera, quien yo era ya no soy y tú no eres la que eras. Ya pueden las fincas dar cosechas bien abundantes, pueden en Madrid hablar con palabras bien hermosas que nunca, nunca nos pagarán nuestra hambre de antes".

Fuxan os Ventos cantando "Muller"

Creo que esta hermosísima canción retrata admirablemente el sentir del emigrante y de los que se quedaron atrás, esperando su vuelta. Una crítica feroz al abandono que vivieron los campesinos cuando el hambre atenazaba las tripas. Imposible reprimir las emociones al escucharla, compartiendo el sentimiento de los que tuvieron que abandonar su aldea adorada para ganarse el sustento.

"Padre e hijo llorando. Despedida de emigrantes" Foto de Manuel Ferrol.
Y así, con los últimos ecos de este himno a la emigración resonándome aún en la cabeza, cargada de nostalgia y de saudade, me despido no sin antes recordar a mis tío-abuelos. Sus nombres son sólo un ejemplo de la emigración gallega, en este caso de la que me toca las entrañas. En Portugal se asentaron Manuel, Ana Rosa y Clara. Uruguay acogió a Celso. Alejandro trató de prosperar en Brasil. Y Argentina se convirtió en la patria de Filomena, Herminia y Evaristo.

Partieron  con sus sueños como único equipaje en busca de bienestar, dejando atrás familia y una Taboexa sin manos para labrar y sementar el campo. Estéis donde estéis, quiero demostraros de esta forma el orgullo que siento de saberos sangre de mi sangre.

Una pequeña muestra de lo que dejó la emigración en Galicia se encuentra en las casas del  Lugar do Mouro, de las que os hablaba recientemente. Por desgracia, no son las únicas construcciones abandonadas en Taboexa, hay muchas más. Detrás de cada una de ellas una historia de lucha y sacrificio, de tesón y espíritu de mejora, de mozos que partieron hacia rumbos más prósperos cuando vinieron mal dadas, con sus pocas pertenencias protegidas en una tosca maleta de madera y cartón.

Las fotografías que ilustran esta entrada son de Manuel Ferrol, fotógrafo histórico cuyas imágenes se han convertido en un icono de la emigración gallega. Su página web es un muestrario de lo que vivió la Galicia emigrante en los años 50.  

23 de noviembre de 2010

Lugar do Mouro en Taboexa, fuente de leyendas

Mouros: Seres solitarios que representan lo desconocido, guardianes de tesoros, hechiceros,  gente mágica, paganos…leyendas.

Las fábulas sobre estos seres son numerosas en toda Galicia y prácticamente todos los pueblos de la región cuentan con algún topónimo que incluye esta denominación: Lugar do Mouro, Fonte da Moura, Cova da Moura…Apelativos que señalan casi siempre la presencia en la zona de ruinas antiguas, castros, minas, piedras o fuentes rituales, mámoas (túmulos) o dólmenes.

En Taboexa no podía ser menos y también tenemos nuestro Lugar do Mouro. Se encuentra situado entre el Castro de Altamira y el sitio de Morgallón, donde existen grabados en piedra representando tableros de juego de origen celta: los "juegos celtas".

Probablemente este espacio recibió su nombre tras la romanización, cuando la impronta castreña se perpetuaba en la zona sólo a modo de narraciones de viejos, de cuentos o supersticiones. Cuando todavía muchos recordaban que allí habían vivido los celtas, en un emplazamiento fortificado donde había una fundición de bronce.

Y parece que el nombre le viene al pelo, porque ahora en nuestro Lugar do Mouro también hay cabida para alimentar leyendas. En la zona, entre la espesura del bosque, encontramos un conjunto de tres o cuatro casas abandonadas.


Estas casas no las habitaron los Mouros, claro está. Allí vivían varias familias de la aldea y a muchas de ellas aún se las recuerda porque sus descendientes continúan viviendo en Taboexa.  Me cuenta mi abuela Narcisa que en una de ellas, la más grande, vivía la señora Carmen, Carmen do Mouro. Aquella casa, continúa mi abuela, cocía pan en un forno de pedra del que no se encuentran apenas restos. Al parecer, esta mujer y su familia se marcharon de la zona hace más de sesenta años y el paso del tiempo ha permitido a la vegetación adueñarse de las viviendas y de las fincas de labor que poseía alrededor.

Reconozco que tiene su encanto imaginar cómo fueron sus dueños, cuáles fueron sus ambiciones, qué penas les afligieron, con qué sueños partieron en busca de una porvenir mejor. 

Supongo que de este modo se gestan las fábulas, mezclando la historia real con las ensoñaciones que tejemos alrededor de lugares perdidos en la memoria de los tiempos. Y así debieron sentirse los campesinos del Medievo cuando se desdibujan los relatos sobre los habitantes celtas que hubo en aquel lugar y el vello se les erizaba por temor al acercarse hasta el Lugar do Mouro...

17 de noviembre de 2010

Magosto, homenaje a la castaña

El frío gana el pulso al tímido sol que todavía se asoma entre las nubes. Llega noviembre. Es tiempo de magosto, una fiesta popular donde el fuego y  la castaña son protagonistas.

El término magosto tiene su origen en el latín: Magnus Ustus, gran hoguera, o Magum Ustum, hoguera mágica. En ambos casos, el fuego da nombre a una fiesta que se realizaba tras la recogida del fruto, coincidiendo con el agradecimiento por la cosecha recibida en Samaín.


Castañas

Como tantos rituales celtas, el magosto celebra el final de la recolección. Reuniones en torno a la hoguera, después del equinoccio de invierno y justo antes de la temporada de la matanza. Una fiesta de exaltación y de agradecimiento a la Tierra por el alimento recibido.

Los ecos de entonces continúan resonando en nuestros tiempos y allí donde se dan los castaños, seguimos festejando en torno al fruto que en tiempos mantuvo a la población bien alimentada en los meses de frío. Un buen año de castañas garantizaba la supervivencia durante el invierno. Con ellas se molía harina, se nutría la familia. No en vano, la castaña, junto a la bellota, era un alimento principal que sólo perdió su importancia con la llegada del maíz y de la patata, tras el descubrimiento de América.

Esta tradición sigue muy presente en Galicia y en el norte y oeste de la Península Ibérica. Kilos y kilos de castañas, pan y el primer vino nuevo de la reciente vendimia se dan cita, año tras año, para organizar un festín en cada casa.

Me cuentan mis padres que en Taboexa, cuando ellos eran niños, se juntaban vecinos y familia para comer juntos na eira las castañas que habían recolectado. Sobre la tierra, un poco de fasco (hojas del pino secas esparcidas por el suelo) y algo de romero para dar aroma. Se prendía la lumbre y, cuando las brasas estaban listas, se añadían las castañas. Ummm... parece que puedo percibir el olor. Reuniones entrañables donde solían ponerse al día de los últimos rumores de la aldea y donde las canciones populares y las leyendas siempre hacían acto de presencia mientras se consumían las llamas.

Citas alrededor del fuego que a día de hoy siguen uniendo a los amigos y a la familia.

Magosto, un homenaje a la castaña que nos recuerda lo que fuimos.

Castaño en otoño
Si tienes ocasión de acudir a esta fiesta, cierra los ojos mientras las brasas asan el fruto que nos ofrece el "árbol del pan", de la vida, en la tradición celta. Seguro que sentirás el respeto que daban a este árbol sagrado, de porte majestuoso y enorme longevidad, que sigue salpicando nuestros bosques...

Y saborea la castaña como si de ello dependiese tu vida y la de los tuyos durante el frío invierno que llama a la puerta. Seguro que verás con otros ojos esta celebración y las castañas te sabrán muchísimo más sabrosas.

¡Buen provecho!